domingo, 12 de septiembre de 2010

Conocer tus propios límites

Es una premisa en situaciones críticas, parece una perogrullada pero es una condición insoslayable. Parece algo que cae de maduro, muchos piensan que viene en "combo" con la experiencia de vida de cada uno y creen conocer sus límites sin haber testeado los alcances del mismo. En la montaña se paga caro no retirarse a tiempo para poder regresar con el resto de energía que nos queda, entonces la vida depende de la casualidad o bien de la voluntad ajena, hemos perdido el control de nuestra capacidad de sortear dificultades.


La temeridad y el miedo son condicionantes de decisiones que trastocan la racionalidad de las decisiones, la primera se combate con la experiencia, la precaución, y la confianza en si mismo, la segunda debe ser superada por el conocimiento, la voluntad y el deseo de realizar el objetivo propuesto. La primera tiene relación con la soberbia y la segunda con la ignorancia.

La capacidad de prever contingencias desgraciadas es una condición básica, requiere un plan previo que contemple las variables que podemos manejar y también aquellas ajenas a nuestro control que inciden en la consecución del objetivo. Tener la capacidad de planificar es ensanchar la franja gris de nuestros propios límites para conocerlos más en detalle y profundizar en el peligro sin mayores riesgos.

He desafiado demasiadas veces mis propios límites en solitario y acompañado, sin sufrir consecuencias graves para mi integridad física, casi siempre supe que transgredía mi seguridad más allá de lo aconsejado por mi propia consciencia. Afortunadamente jugaron a mi favor la providencia Divina y la franja más estrecha de la curva de Gauss.

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